domingo, 6 de febrero de 2011

Declaración

Aquí viene una historia especial que me dio un poco de miedo escribirla. Todo bajo el amparo de Daily Rutine, de Animal Collective. Acá va:::::::::::

Habían tres veces:
.Una que luego de ir a la peluquería, trabajaba mis pectorales en el gimnasio del centro comercial y sin pensarlo dos veces pagaba el estacionamiento de este con 300 pesos. Luego llegaba a la casa de mi novia con unas pizzas en cajas de cartón, y nos las comíamos viendo una película de aliens que se mataban porque se querían mucho. El final era bueno, porque al final del film se comprometían en un matrimonio dos de los aliens que en un principio estaban fugados de la policía.

.Una que iba a la casa de mi abuela para que ella me cortara el pelo. Me daba lata porque siempre me lo corta igual, pero por suerte me permite dejarme una colita a lo obi wan kenobi/rodrigo palacio. Con la plata que me dejó mi mamá para el peluquero (que no la ocupé) me fui con mis muchachos a comernos unos helados y a comprar cervezas. Por ser las cinco de la tarde, el tipo que vende el alcohol no da problema que seamos menores de edad. Cuando es de noche hay más vigilancia policial y es más difícil sobrepasar la ley. Finalmente -y afortunadamente- después de las cervezas fuimos a la casa del Martín, en donde siempre llegan sonrientes compañeras de curso que ojalá algún día pueda besar.

.Una que me cortaba el pelo en mi casa para que así yo tenga el control absoluto de mi peinado. Después de eso tengo que pasar la aspiradora en el living porque en la tarde-noche invité a unos amigos a mi casa y mi mamá no tolera que la casa esté impresentable, al igual que los árbitros del torneo nacional según el noventa y siete por ciento de los hinchas. Finalmente llegan dos amigos solamente y luego decidimos ir a otro lugar, donde hay gente que yo no conozco, pero que podrían ser interesantes de conocer. Llegamos allí. Realmente hay gente interesante, que seguramente en un par de años va a salvar al mundo de sus posibles catástrofes (como si los egipcios no lo estuvieran haciendo ahora), pero hay otra gente que de verdá no me interesa. Compitiendo por quién ocupa las palabras más feas para expresarse, y con un breonceado casi radioactivo que da asco, seguramente se agruparán para atacarme a mi y a mis pensamientos que creen que la humanidad es bacán.
Antes de dormir por suerte llego a esta conclusión: Esos son los menos.

viernes, 14 de enero de 2011

Culer aparece en las 100

Pasó de todo. Casi 4 años de existencia y ya llegué a las 100 entradas. Costó, pero preferí buenas cosas antes que continuidad pero malas publicaciones.
Para celebrar este acontecimiento, decidí que Culer debía estar presente y aparecer con alguna situación que sea digna de contar. Igual, Culer siempre es digno:::::::::::::::::::::

CULER 9
culer no se entrena físicamente, porque sus condiciones naturales le permiten actuar con agilidad en cualquier momento. Entonces a la hora de almuerzo puede aparecer un monstruo y Culer come lasanga, no se preocupa, toma un desatornillador y se lo clava en la espinilla fea que tiene en la espalda el monstruo, sin dificultades.
Luego de eso, vienen los medios de comunicación. Los flashes, los maquilajes. Los arreglos florales en agradecimiento y la amrca de jugos naturales, para que él le haga propaganda. Ahí Culer se resiste un poco, solo se presta para escribir una columna en la página web de los jugos.
Aunque lo esperado no pasó: la sociedad protectora de monstruos le puso un juicio encima, por homicidio de una de las criaturas en peligro de extinción. Culñer no le teme a las cárceles ni a las fianzas, pero al darse cuenta que mató a alguien, se sintió mal. Muy mal. Y cuando la señora eufórica que es jefa de la organización le grito en su cara que era un asesino, a Culer le vino la necesidad de resfrgarse el ojo con su mano, para evitar que calleran lágrimas. Levantó su mano, y antes de que los dedos llegaran a sus ojos, desvió el camino y se puso el índice en su nariz. Se sacó un moco. No pudo mostrar debilidad; lo hecho hecho está.

jueves, 6 de enero de 2011

El negreo wild on (8) dice: wena, ¿qué hiciste en las vacas?

Volví. Luego de un largo receso, escribí de nuevo en el blog. En un momento pensé que nunca más, pero pude superarlo. Teleseries, escuelas de sociología, trabajos 5 am y fantasmas de navidades pasadas me enhuecaron el camino. Pero resultó bien: Creo que lo que escribiré ahora en adelante será mejor, distinto y fome. Así que, bacán por mi, mal por ustedes, que serán acosados por mi para que lean esto. Gracias::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

La situación era así: Un muchacho se encontró planeadamente con una muchacha en un paradero de micros y caminaron hacia algún local que les sirviera comida o bebidas bebestibles. Se miraron mientras pasaban las micros y se dieron un beso en la boca, que no pretendía más que saludar. El muchacho abrió su brazo izquierdo esperando que su mano izquierda encontrara algo. luego de dos segundos, encontró la mano derecha de la muchacha.
Después de 10 minutos caminando, la muchacha le dijo: "oye, suéltame la mano, porfa. La tengo toda sudada" "Ah, sorry", le respondió el muchacho y se soltaron. Luego de un rato en que comentaron la soledad de sus abuelos y de lo caro que estaba el cine, llegaron al local y se sentaron en sus sillas, para después apoyarse en sus mesas.
-Tú también sentí que algo está mal, ¿cierto?- preguntó el muchacho. -Es que no sé si está bien o mal, quizás no nos gusta cómo está- le respondió ella.
Él miraba las sillas rojas-plásticas de coca cola. No podía creer que después de años viéndola en la sala de clases, en la casa de los amigos, en su bikini en verano, ahora esto no resultaba.
-Él menú es arroz con pollo arbejado, ensalada de tomates. ¿Qué van a querer para beber?- les preguntó alguien que trabaja de mesero. -Dos fantas y las arbejas sin pollo por favor- respondió la muchacha.
-Pero igual nos conocemos, ¿por qué pasa esto?- preguntó el muchacho. -Nos conocemos porque llevamos todo el verano juntos po, pero ya no sé si quiero comer arroz con tomates. Prefiero las piscinas de departamentos en vez de las películas suecas. Lo siento.- contestó ella.
El mozo trajo la comida a la mesa. El muchacho, con lágrimas en los ojos, intentaba pinchar un tomate con su tenedor, pero no lo conseguía. El tenedor no pinchaba la fruta. Luego de 5 minutos intentando sin éxito agarrar el tomate, y además sin ganas de tener éxito, el tomate pensaba "yapo huevón".
Lo siento por el tomate, pero no es el importante en las buenas historias. Pasarán a solas el tomate y el muchacho, por el resto de la tarde.

lunes, 16 de agosto de 2010

George versus los chalecos con cierre vol.1


Hoy en el mes de George, primer capítulo de una gran batalla:::::::::::::::::::::::::::::::::::

Al igual que todos los años, las tiendas sacan y sacan ropa para que la gente se las compre. Pero esta vez una malvada ropa, no tan distinta que las otras pero sí muy fea, se decidió a salir al público para que alguien con mal gusto la adquiera y llene de horror las calles capitalinas: el famoso y deprimente CHALECO CON CIERRE.
Era un día normal, de esos que hay sol pero con nubes, y George se paseaba por el centro de la ciudad, recogiendo comida de los basureros y ladrándole a las palomas. A una en específico que no se molestaba con el sonido que producían sus ladridos. Así, se la fue persiguiendo por varias calles, inquietó a más de algún transeunte, hasta que por fín pudo quitársela de encima. Arrancó la paloma. Después de esto, George se volvió para encontrar un espacio soleado donde dormir la siesta y ahí se topó con algo terrible: Un hombre, que tenía puesto un CHALECO CON CIERRE caminaba por la ciudad, esparciendo su fealdad por todos lados. George quizo que esa persona no se vea más fea de lo que es y rápidamente saltó sobre el humano y le mordió el CHALECO CON CIERRE para que quedara inutilizable y no se lo ponga más. Para mala fortuna de George, la gente creyó que él estaba atacando a un pobre transeúnte inocente y se fueron contra George, lo golpearon y lo alejaron del chaleco.
El perro no podía creer que los humanos, que tenían tan buenos medios de producción y tan sofisticados diseñadores, siguieran produciendo CHALECOS CON CIERRE. Por más que pintaran los muros de las casas, por más que regaran las plantitas y barrieran las calles, la ciudad no podía ser embellecida, porque esta peste seguía expandiendo sus garras por todos los sectores de la capital. George sabía que si atacaba a los chalecos uno por uno, no conseguiría nada, ya que las fábricas estaban produciendo miles de estos al día y George sólo podía eliminar dos diarios. Así que fue al meollo del asunto: se paró al frente de una tienda expendedora de este infernal producto y comenzó a gruñir: "grrrrr, ¡guau! ¡guau! grrrrrr".
Por suerte para George, antes de que se le partiera la voz de tanto ladrido, llegó un inspector municipal para sacarlo del lugar, ya que ahí molestaba a la clientela de la tienda. Indignado, se fue a corretiar palomas para pasar el rato, mientras pensaba que por más que limpiaran el smog e hicieran el mapocho navegable, la ciudad seguiría siendo horrorosa ante tal crimen estilístico. Y luego dijo: "Hay que conscientizar a las masas ante esto. Háganse ver chiquillos". La lucha recién comienza.

viernes, 6 de agosto de 2010

amor citadino

George es el dueño del blog en el mes de Agosto. Y así lo expresa, con un rosado bien desagradable de fondo, para espantar visitas y nadie lea sus historias. Cree que sus fans son incondicionales, y leeran sus anécdotas aunque se le rompan las córneas. Ahora empieza, ahora se arrima el mes de George::::::::::::::::::::::

A las una de la tarde George vuelve a bostezar. Es que es imposible ladrar y corretiar gatos luego de una noche en que durmió poco. "Como a las cinco dormí un poco, pero seis y media ya escuchaba los motores de micro intentando partir. ¿Por qué se levantan tan temprano estos humanos?, ¡si todavía es de noche!". Pero el ajetreo urbano le pide a George estar atento en esa hora, ya que puede salir una vieja a pasear su puddle o alguna pizzería puede tirar sus restos cerca suyo.
La vida de la ciudad acoge a los perros de manera agradable, ya que le dan comida y vacunas (si es que algún gobernador lo promueve) pero también está el lado desagradable, el ruido permanente y pocas horas de sueño "En la noche me tengo que ir a lados desconocidos pero silenciosos, sólo ahí me puedo concentrar y dormir. Choques y gritos a las tres de la mañana son realmente desagradables."
Algo que destaca George de la urbe es la multiplicidad de papeles que puede jugar, y que si alguno resluta mal, se cambia de barrio y se és alguien totalmente distinto "Durante mi juventud me fui a vivir un tiempo en el barrio alto. Ahí conocí a una chiquilla, de esas típicas blancas, medias callejeras, pero de familia. Estaba todo bien hasta que una vez la dejé con crías. Y apareció un hombre persiguiéndome, de esos con chaqueta y pelo blanco, con un palo y un maletín. Me tuve que ir, tuve que vivir en otro barrio, pero ningún drama. En cambio si era pueblo chico estaba cagado. El viejo me podía perseguir por todos lados hasta encontrarme, porque ese loco estaba mal de la psiquis. Ahora me cambié el nombre, me llamo George y está todo bien. Allá me decían Jimmy. Cacha, Jimmy. Nunca me gustó ese nombre, no es tan rosado. Es más morado creo yo."
Los perros como Geroge saben que tienen poca vida en la tierra, que a los 15 años ya les va quedando poco. Es por eso que aprovechan la vida, y en la ciudad esa vivencia puede ser más de todos los días, siempre está pasando algo y es por eso que se queda acá: "Una vez hablando con un caballo de carabineros, me dijo que si tenía la posibilidad de irme de la ciudad, me fuera. Que allá donde no hay cemento la vida es más plena, el aire es más limpio, las flores son naturales y los árboles más fortachones. Yo me quedé pensando lo que me dijo. Concluí que no había para qué. Acá están las cosas de verdad, los problemas humanos que yo puedo intentar responder, acá están las correas que quiero combatir y acá está el polvo que me hace mal a los pulmones pero que me hace feliz. Le dije esto al caballo, y él me respondió: 'Pero qué te pasa, si el campo es como el paraíso. Agua cristalina, cielos despejados y espacio para cabalgar libremente', y yo le respondí que para qué quería ir al paraiso acá en la tierra, si supuestamente me iré el paraíso cuando muera. Sólo voy a vivir aproximadamente quince años acá, luego será para siempre. Pero entiendo al caballo. Yo por lo menos tengo pene."