sábado, 28 de marzo de 2009

Quería ser menor

Hola. Intentaré subir más de dos entradas por mes para que a fin de año llegue al promedio de 30 entradas por año. Está de más decirles que lean esto. Entonces no se los voy a decir: ...
Sin más explicaciones ni coincidencias, les dejo un cuento::::::::::::::::::::

-Súbase los pantalones, mijito.
-Usted no me manda.
-¡¿Cómo que no?!, soy su profesora y tiene que obedecer.
-No quiero.
-Valentín, no me obligue a llamar a la mamá.
-La obligo po (casi llorando, también se baja los calzoncillos).
-Uy, ahí si que estamos mal, vamos a llamar al tiro a la mamá (toma el teléfono y hace que marca algún número).
-¡No quiero, no quiero!
Corrió bien rápido, pero no pudo avanzar mucho, ya que se tropezó con sus propias ropas que le impedían hacer un buen movimiento de pies. Al caer, explotó en llanto.
-Ay Valentín, ya está llorando de nuevo. Yo le dije que era mala idea.
-Cállese.
-Ya, bueno, le voy a hacer caso. Usted se va a quedar ahí tirado y yo no voy a hacer nada.
Luego llegó la madre del niño, enojada con la situación, pero claramente no se le podía gritar más a Valentín, porque eso solo empeoraría la situación.
Una vez en la casa, la conversación era inevitable:
-Pucha Valentín, ¿Por qué te sacaste la ropa delante de la profesora? ya es tercera vez.
-Es que yo soy un niño.
-Sí se, pero los niños no andan desnudándose por ahí.
-Es que yo le estaba mostrando a la profesora que yo soy un niño.
-¿Y por qué? ¿Ella cree que tú no eres un niño?
-Yo creo que no, porque siempre me trata de usted. Yo trato así solo a los mayores.
Después comieron arroz con huevo y se fueron a dormir.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Cabeza dura

Esto que les voy a poner ahora (:O) más que un cuento es un suceso. Una cosa que seguramente pasó una vez, pero lamentablemente no lo presencié. Eso no más::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

De una mezcla de tierra, polvo, minerales, viento y tiempo nació una vez una piedra. Más bien era una piedrecilla, que se podía meter en algún zapato o atascar en una chala. Pero eso no pasó, sólo fue juntando más ingredientes y agrandando su masa.
Luego de una lluvia, sintió la necesidad de darse vuelta, para que su parte posterior pudiera secarse con el sol, ya que estaba húmeda por el diluvio. Pero desafortunadamente esto no pasó y muchas hormigas (3 ó 4) hicieron de esta piedra su hogar.
Todavía no era una piedra consolidada, ni mucho menos una roca, pero por lo menos ya se sentía útil: Era el hogar de algunos animales. No había créditos ni subvenciones para ella, pero aun así se sentía alegre de su pasar humanitario y de su amalgama ordinaria que ya le daba existencia terrenal. El paisaje en el que se encontraba le daba algunos puntos de comparación: Algunas rocas parecían haberse adueñado de aquel sitio, cambiando de color según gustaban y ya casi siendo parte de la superficie del lugar. Un día se las llevaron unos señores de camisa cuadriculada y la piedra quedó como una de las m´s experimentadas del lugar.
Un gris liso ya era su color propio, exceptuando un poco de barro en su trasero.
De pronto vino un niño y la pateó muy lejos.