Me hago el primaveral::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Era una típica situación veraniega, en donde una pareja joven se reencontraría después de un findesemana fuera de la ciudad por parte de la polola y el día lunes se juntarían a ver una película. El muchacho, intentando hacerse el interesante hacia la chiquilla, le propone ver ese film porque el argumento está bueno, porque muestra la realidad de la clase media-baja de Bulgaria y que ganó algún premio en algún festival no tan reconocido a nivel mundial. Además, esta película "no es la película clásica en donde el protegonista vive una vida normal, le pasa algo extraordinario, deja su vida normal de lado, luego se da cuenta que la vida normal era mejor que la que tenía antes y sus viejos amigos nerds lo salvan". Su novia le responde "ya bueno", sabiendo ella que todo es una excusa para reunirse nuevamente y entretenerse, bersarse, sacarse la ropa y tener algo bien parecido al sexo. Después tomarán once y se juntarán con amigos por la noche. A ella le gusta que a él le gusten las películas tipo cine-arte-europeo-que-no-desperdician-la-plata, pero le molesta que él lo demuestre mucho, que él le coquetée mostrándole-diciéndole lo bacán que son las cosas no producidas por el capitalismo occidental, propio de las películas hollywoodense o la ropa de mall. Ella sabe lo que él piensa, pero ya no queire escucharlo más y lo quiere ver actuar. Por eso, a ella le apasiona que tanto bla bla que se gastó por el teléfono el fin de semana por fin se viera plasmado en acciones concretas carnales, en comer pan con palta y en que le quede muy dulce el té.
"¿y tú ya viste la película?" "no, tenía ganas de verla, pero me aguanté pa verla contigo po". Así, se acomodan en la cama y le ponen play al dvd. Después de los primeros 15 minutos, la película muestra cómo se viene la mano: planos largos, días nublados, gente abrigada con ropas oscuras y barro, y ños diálogos hacen referencia a figuras búlgaras como Hristo Stoichkov y Todor Zhivkov.
La historia se va desarrollando, mientras la polola busca la boca de su pololo para comenzar el pololeo. Lamentablemente para ella, la película era bastante buena, y él quiere seguir viéndola. Le hace el quite. Diez minutos más tarde ella insiste y él mantiene su postura de ver la televisión. Ella se va al computador, revisa mails y chatea. Termina la película y se van a la cocina a preparse once. Como advertí antes, se preparan panes con palta y ponen a calentar agua. "¿Por qué no viste la película entera?" pregunta él. "Porque te poní gil" "Pero si estaba buena y no quería perder el hilo, no teníai pa que interrumpirme" "¿pa qué queríai ver la película conmigo, si viéndola solo nadie te hace perder el hilo?".
Se terminó de tomar el té azucarado y el silencio largo se acabó con un cambio de tema natural pero desagradable. Se pusieron a hablar de qué iban a hacer después y de quién era Hristo Stoichkov. "¿Jugaba solo o acompañado?" -en referencia a Stoichkov, jugador de fútbol búlgaro-. "acompañado po" "¿y sus compañeros le hacían perder el hilo?". Después de pensar un rato, respondió: "No. Si no, no hubiera llegado a ser lo que fue". "No te hagai el lindo ahora" "No me hago, soy lindo" Inevitablemente la muchacha sonrió y se pusieron a pololear de nuevo.
Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas
lunes, 19 de septiembre de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
El negreo wild on (8) dice: wena, ¿qué hiciste en las vacas?
Volví. Luego de un largo receso, escribí de nuevo en el blog. En un momento pensé que nunca más, pero pude superarlo. Teleseries, escuelas de sociología, trabajos 5 am y fantasmas de navidades pasadas me enhuecaron el camino. Pero resultó bien: Creo que lo que escribiré ahora en adelante será mejor, distinto y fome. Así que, bacán por mi, mal por ustedes, que serán acosados por mi para que lean esto. Gracias::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
La situación era así: Un muchacho se encontró planeadamente con una muchacha en un paradero de micros y caminaron hacia algún local que les sirviera comida o bebidas bebestibles. Se miraron mientras pasaban las micros y se dieron un beso en la boca, que no pretendía más que saludar. El muchacho abrió su brazo izquierdo esperando que su mano izquierda encontrara algo. luego de dos segundos, encontró la mano derecha de la muchacha.
Después de 10 minutos caminando, la muchacha le dijo: "oye, suéltame la mano, porfa. La tengo toda sudada" "Ah, sorry", le respondió el muchacho y se soltaron. Luego de un rato en que comentaron la soledad de sus abuelos y de lo caro que estaba el cine, llegaron al local y se sentaron en sus sillas, para después apoyarse en sus mesas.
-Tú también sentí que algo está mal, ¿cierto?- preguntó el muchacho. -Es que no sé si está bien o mal, quizás no nos gusta cómo está- le respondió ella.
Él miraba las sillas rojas-plásticas de coca cola. No podía creer que después de años viéndola en la sala de clases, en la casa de los amigos, en su bikini en verano, ahora esto no resultaba.
-Él menú es arroz con pollo arbejado, ensalada de tomates. ¿Qué van a querer para beber?- les preguntó alguien que trabaja de mesero. -Dos fantas y las arbejas sin pollo por favor- respondió la muchacha.
-Pero igual nos conocemos, ¿por qué pasa esto?- preguntó el muchacho. -Nos conocemos porque llevamos todo el verano juntos po, pero ya no sé si quiero comer arroz con tomates. Prefiero las piscinas de departamentos en vez de las películas suecas. Lo siento.- contestó ella.
El mozo trajo la comida a la mesa. El muchacho, con lágrimas en los ojos, intentaba pinchar un tomate con su tenedor, pero no lo conseguía. El tenedor no pinchaba la fruta. Luego de 5 minutos intentando sin éxito agarrar el tomate, y además sin ganas de tener éxito, el tomate pensaba "yapo huevón".
Lo siento por el tomate, pero no es el importante en las buenas historias. Pasarán a solas el tomate y el muchacho, por el resto de la tarde.
La situación era así: Un muchacho se encontró planeadamente con una muchacha en un paradero de micros y caminaron hacia algún local que les sirviera comida o bebidas bebestibles. Se miraron mientras pasaban las micros y se dieron un beso en la boca, que no pretendía más que saludar. El muchacho abrió su brazo izquierdo esperando que su mano izquierda encontrara algo. luego de dos segundos, encontró la mano derecha de la muchacha.
Después de 10 minutos caminando, la muchacha le dijo: "oye, suéltame la mano, porfa. La tengo toda sudada" "Ah, sorry", le respondió el muchacho y se soltaron. Luego de un rato en que comentaron la soledad de sus abuelos y de lo caro que estaba el cine, llegaron al local y se sentaron en sus sillas, para después apoyarse en sus mesas.
-Tú también sentí que algo está mal, ¿cierto?- preguntó el muchacho. -Es que no sé si está bien o mal, quizás no nos gusta cómo está- le respondió ella.
Él miraba las sillas rojas-plásticas de coca cola. No podía creer que después de años viéndola en la sala de clases, en la casa de los amigos, en su bikini en verano, ahora esto no resultaba.
-Él menú es arroz con pollo arbejado, ensalada de tomates. ¿Qué van a querer para beber?- les preguntó alguien que trabaja de mesero. -Dos fantas y las arbejas sin pollo por favor- respondió la muchacha.
-Pero igual nos conocemos, ¿por qué pasa esto?- preguntó el muchacho. -Nos conocemos porque llevamos todo el verano juntos po, pero ya no sé si quiero comer arroz con tomates. Prefiero las piscinas de departamentos en vez de las películas suecas. Lo siento.- contestó ella.
El mozo trajo la comida a la mesa. El muchacho, con lágrimas en los ojos, intentaba pinchar un tomate con su tenedor, pero no lo conseguía. El tenedor no pinchaba la fruta. Luego de 5 minutos intentando sin éxito agarrar el tomate, y además sin ganas de tener éxito, el tomate pensaba "yapo huevón".
Lo siento por el tomate, pero no es el importante en las buenas historias. Pasarán a solas el tomate y el muchacho, por el resto de la tarde.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
